En FECYT definimos la actitud innovadora como el
conjunto de valores, hábitos y actitudes que promueven procesos de cambio
basados en el conocimiento, cuyo resultado genera valor económico y social.
Apostamos por la Actitud e Innovación. Queremos
desarrollar una iniciativa que combine los conceptos de actitud e
innovación, para lo que se nos plantean algunas cuestiones: ¿Se tiene
primero una actitud y de ahí surge la innovación?, o ¿se es innovador y
de esa predisposición surge la actitud?
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¿Quieres saber más?: la persona y la actitud
innovadora
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Cuando se habla de la innovación, se debe vincular a la
persona, ya que es la persona, y no las estructuras, las
estrategias o las políticas las que propician la innovación.
Esta historia va de personas, en plural, porque esto de la
innovación no es de un pensador aislado.
Puesto que la innovación se vincula a las personas, ¿Qué
tiene que ver con la actitud? Mucho más de lo que se
pensaba, después de cientos de informes y estudios de
universidades, centros de investigación, escuelas de
negocio…, al final todos hablan de rasgos o características
que reúnen las personas innovadoras y todo se resume en la
actitud.
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¿Quieres
saber más?: la actitud
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Pero, ¿qué es actitud? La actitud ha sido definida como “un
estado de disposición nerviosa y mental, que ejerce una
influencia dinámica u orientadora sobre las respuestas que
un individuo ofrece a los objetos y a las situaciones”
(Gordon Willard Allport).
Aplicada esta definición a la innovación, podemos ver cómo
esa “disposición del ánimo” se traslada a los
comportamientos de un innovador.
A través del modelo de actitud innovadora
hemos definido unos pasos que nos ayudan a comprender este
concepto y que permiten desarrollarlo en diferentes estratos
de la sociedad.
El modelo de Actitud Innovadora de INNAC se
fundamenta en tres reglas principales: